jueves, 28 de marzo de 2019

Clase obrera y movimiento sindical argentino


Clase obrera y movimiento sindical argentino

Prof. y Lic. Ricardo Romero
Politólogo UBA/UNSAM

Todo abordaje histórico se construye a partir de la mirada selectiva de hechos que se concatenan en un relato de acontecimientos interpretados desde una cosmovisión que le da sentido a la realidad.
Con ese horizonte, la descripción de los procesos sociales toma cuerpo a partir de la construcción de marcos interpretativos que permiten comprender y a veces explicar el transcurrir del pasado y el devenir del presente.
Por eso, al proponernos estudiar el derrotero de la clase obrera y el desarrollo del sindicalismo en el mundo y centrado en el caso argentino, debemos aclarar algunos ejes para realizar esa magna tarea.
Surge el trabajo asalariado
Así, la propuesta para realizar este recorrido, se centra en exponer la manifestación social de una relación económica particular, el trabajo asalariado, donde una simple puja mercantil entre el oferente (dueño de sus horas de vida) y el demandante (contratante de acciones humanas) no encuentra un precio de equilibrio (como propone la mágica fórmula liberal, y resuelven su intercambio en la política.
Esta situación se da en la sociedad capitalista, donde el empresariado tiene que comprar mano de obra para llevar adelante la producción. Es así, que las y los trabajadores debilitados en su accionar individual se articulan en un sujeto colectivo, que contrabalancea una contienda y logra mejorar la retribución de su trabajo y con ello las condiciones de su vida.
Así, puede entenderse diferentes momentos de esta relación, desde sus orígenes, donde los trabajadores no tenían más que perder que sus "cadenas", donde la ley de "hierro de los salarios" les imponía el mínimo de subsistencia, hasta los momentos de organización sindical e intensificación productiva, a través de la cadena de montaje, que les permitía a las y los trabajadores tener algo más que perder, sus cadenas audio por ejemplo.
Nótese que la exclusión de las trabajadoras en los orígenes no se debe a una invisibilización, sino a un posicionamiento que adoptó el movimiento obrero en sus albores, en el siglo XIX. Donde al proponer la eliminación del trabajo de la mujer y de la niñez, intentaba protegerlos de tan desigual que los condenaba a un salario miserable en las máquinas.
Esas máquinas, baluartes de la revolución industrial, desplazaban trabajadores y que tuvo su primer rechazo desde un movimiento conocido como el Ludismo (1819) que congregó a trabajadores rompiendo máquinas. Posteriormente, la lucha se reencauzó en una dinámica institucional, que detalló un decálogo de reivindicaciones (Cartismo 1839) que intentaba resguardar condiciones mínimas para el desempeño del trabajo.
Así, hacia 1848, el movimiento obrero marcó sus primeras acciones de lucha, a través de las huelgas, que cuestionaron ese pujante crecimiento económico con una profunda desigualdad social.
Desde las primeras organizaciones obreras, siempre podemos establecer una relación entre sus luchas y las conquistas de derechos. En tal sentido, la propuesta es visualizar el contexto histórico de la clase obrera, la situación organizativa del movimiento sindical y qué reivindicaciones y grados de avance va teniendo, en relación a sus derechos, tanto a nivel mundial como su correlato en el caso argentino.
Así, la explicación que sigue esta exposición se basa en dos ejes, el temporal y el organizativo y conquista de derechos. En lo que refiere al temporal, centro la presentación en tres momentos, los orígenes, la organización y la actualidad del movimiento. En tanto que al organizativo y conquistas de derechos exponemos las principales reivindicaciones del sindicalismo y los planteos realizados.

Orígenes

Un prestigioso historiador, Eric Hobsbwan, señala que 1848 marcó el ingreso protagónico de la clase obrera en la historia del capitalismo moderno, porque fueron las huelgas de ese año, desplegadas a lo largo de Europa, las que cuestionaros las bases mismas de la relación capitalista.
De esos hechos históricos surgió la Asociación Internacional de Trabajadores, conocida como Primera Internacional de los Trabajadores, fundada en 1864 en Londres. En el seno de la misma se presentaron dos grandes corrientes de pensamiento, la liderada por Carlos Marx, impulsora del socialismo, y la expresada por Mijail Bakunin, propulsora del anarquismo.
Los puntos principales de discusión rondaron la discusión sobre la jornada laboral, que rondaba entre las 12 a 16 hs; la organización política; y la propuesta social. Donde la diferencia básica entre socialistas y anarquistas se centró en la propuesta política, donde unos propiciaban la organización y los otros la acción directa.
Como producto de ese proceso, se formaron los grandes partidos obreros en el mundo. El primero fue el PSD - Partido Socialdemócrata Alemán en 1869, posteriormente se fundarían en España-1879, Bélgica-1885, Austría-1889, entre otros. Incluso en argentina se formaría el PSA en 1896. Esta configuración de partidos daría base a la formación de la II Internacional, en 1896, que a diferencia de la primera, estaría constituida por partidos políticos.
Para ver las principales reivindicaciones de la época, se puede recurrir a las imágines que provee un video, centrado en un fragmento de la película “Los Compañeros” de Mario Monicelli y con la actuación de Marcelo Mastroiani, especialmente en el debate en el mercado público sobre la continuidad o no de la huelga. El film está situado en los albores del movimiento obrero y muestra una huelga con las principales revindicaciones de la clase obrera: reducción de jornada laboral y derecho de organización sindical.



A su vez, en el movimiento obrero argentino se expresaran las mismas corrientes. Tras el flujo de migraciones que nutría de mano de obra al modelo agroexportador, la configuración en torno a la red ferroviaria y a los frigoríficos que posibilitaban la explotación económica, se conformaron los primeros sindicatos. Entre 1857 a 1930 ingresaron al país unas 6,3 millones de personas en busca de trabajo, preponderantemente europeos. Y es en el año 1857 cuando se funda la Sociedad Tipográfica Bonaerense, primera organización obrera del país. Durante la década del ´80, se crean más de 20 sindicatos, especialmente la Fraternidad de Maquinistas y Fogoneros de Locomotoras 1887.
Para comienzo de siglo, al calor de huelgas y crecimiento de organizaciones, se crea la Federación Obrera Argentina (FOA)-1901, que posteriormente sufrirían la ruptura entre socialistas, que fundarían la Unión General de Trabajadores (UGT), y los anarquistas, que se organizarían en la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). En el año 1909, la UGT se disuelve y se forma la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA). Sin embargo, las diferencias vuelven a provocar una escisión del ala radical, que reinvindicarían la FORA del V Congreso, y los socialistas y anarquistas moderado se constiturían a partir de la FORA IX Congresos.
Durante este período, a pesar de la acción represiva y persecutoria del régimen, que en 1902 sanciona la Ley de Residencia, el Partido Obrero Socialista Argentino logra bancas en el parlamento, eligen a Alfredo Palacios en 1904 como primer diputado socialista de América Latina al igual que a Enrique Del Valle Iberlucea, que sería el primer senador en 1913, cuando el POSA gane la Capital Federal.
De las luchas desplegadas por el movimiento obrero de esa época podemos citar la Huelga de Inquilinos de 1907; la masacre del 1 de Mayo y la semana roja de 1909, la Semana Trágica de 1919 y la Patagonia Rebelde 1920.
Con la expansión del sufragio, la democracia y el sindicalismo encuentran un espacio para la conquista de derechos. De esta forma, en 1922 se forma la Unión Sindical Argentina-USA, sucesora de la FORA X Congreso. En 1926, se constituye a su vez la Confederación Obrera Argentina (COA), marcando diferencias con las anteriores y propiciando la organización de corte sindical del movimiento obrero.





Organización Sindical

La Revolución Rusa de 1917, marcará un quiebre en la política internacional, que dividiría el mundo en dos grandes bloques, el capitalista y el comunista, este último marcado por la reivindicación de una sociedad conducida por los trabajadores.
Lo cierto es que en el mundo capitalista genera un cambio en la relación capital-trabajo, donde el sindicalismo pasa de la ilegalidad a ser un factor clave de crecimiento, especialmente en lo que refiere al consumo y el efector multiplicador en la inversión, tal como sostenía las teorías de Keynes.
Con la creación en 1919 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), organismo tripartito conformado por Estados, empresarios y sindicatos, impulsó la legalización y conquista de derechos en los diferentes países.
Especialmente, luego de la Crisis del 30 y de la Segunda Gran Guerra de 1939-45, los países conducidos especialmente por partidos socialdemócratas desarrollarán políticas estatales que nutrían de derechos sociales, fundamentalmente a partir del reconocimiento del trabajo como factor de crecimiento. De esta manera, la fase de expansión y crecimiento de 1945 a 1973 conocida como “edad de oro”, fue categorizada así por el historiador Eric Hobsbwan, que logró un crecimiento con pleno empleo y salarios altos.
Sin embargo, las reivindicaciones sindicales no cesaron, tal como se expone en la película italiana “La Clase Obrera va al paraíso”, de Elio Petri, con la actuación de Gian Maria Volonté, especialmente en la asamblea en la fábrica por la discusión del “destajo” y la huelga. En la misma se pueden ver los cambios organizativos y reivindicaciones del movimiento sindical.



En tanto que en argentina, la expansión del movimiento sindical tendrá un condicionante, el Golpe de 1930, donde en la primera etapa de la dictadura militar establecida, se conformaría la Central General del Trabajo (CGT), que en sus primeras actuaciones tendría una relación complaciente con el régimen. Sin embargo, la CGT tendría su primer congreso constituyente en 1936, donde comienza a tomar acciones políticas propias.
El punto más importante fue el 1 de Mayo de 1936, donde realizaron un acto de más de 160.000 personas, donde participaron José Domenech (CGT), Arturo Frondizi (UCR), Lisando de la Torre (PDP) y Mario Bravo (PS).
Posteriormente, la CGT se dividiría en dos bloques, la CGT N° 1, conducida por José Domenech, y la CGT N° 2, encabezada por Francisco Péres Leiros. Así, al momento del golpe en 1943, en argentina coexistían cuatro centrales FORA (anarquistas), USA (sindicalista revolucionaria), CGT N° 1 (socialistas y comunistas) y CGT N° 2 (socialistas y comunistas).
Desde el golpe de 1943, cobraría protagonismo el entonces Coronel Juan Domingo Perón, que convertiría la Dirección de Trabajo y Previsión Social, constituida como una especie de registro de actividades del movimiento sindical, en una Secretaría, que reconocería derechos laborales y comenzaría a desarrollar políticas públicas a favor del sector.
Este relación explica, en gran medida, porqué las y los trabajadores salieron a las calles el 17 de octubre de 1945, exigiendo al régimen militar la liberación de Perón y la convocatoria a elecciones. Este punto marcará una nueva etapa de la historia sindical argentina.
Durante el gobierno de Perón, al igual que en los países conducidos por la socialdemocracia, desplegará un nuevo rol del Estado en relación con el movimiento sindical. Así, los derechos laborales quedarán plasmados en la Constitución de 1949 y expresados en una profunda redistribución de ingresos en la economía.
Tras la caída de Perón, la expansión del movimiento sindical será constante a pesar de las represiones que sufriría. A comienzos de la dictadura, la CGT se dividiría entre las 62 Organizaciones, de corte peronista, y los 32 Gremios Democráticos, de perfil antiperonista, y el grupo de sindicatos independientes.
En 1957, en La Falda (Córdoba), la única regional que fue rescatada de las intervenciones de la dictadura aprobó un Programa que será retomado por las 62 Organizaciones en 1962. A su vez, la CGT lograría su normalización hacia 1963, tras la recuperación democrática durante el gobierno de Arturo Illia (UCR). Con el golpe de 1966, si bien gran parte de la dirigencia sindical acompañó el derrocamiento de Illia, esto no evitaría que se intervengan los principales gremios (UOM, textiles, ferroviarios, etc).
Es en este momento que se constituye el sindicato del Personal Civil de las Fuerzas Armadas (PECIFA) es un gremio específico del personal civil y los docentes civiles de la Defensa Nacional. Creado en 1959, con personería jurídica gremial N° 825.
Con expansión de la industria automotriz en Córdoba y la aglomeración de trabajadores en el conurbano de la ciudad, impulsaron la práctica de nuevas formas de organización sindical. Así, entre 1968 y 1970, la CGT se dividió entre la CGT Azopardo y la CGT de las Argentinos, de corte clasista y con fuerte protagonismo en rebelión del Cordobazo en 1969. Hacia 1970, se reunificaría la CGT, bajo la conducción de José Rucci, que sería asesinado en 1973.
Durante el tercer gobierno del General Perón, si bien la CGT había quedado debilitada tras la muerte de Rucci, entraría en un proceso de persecución y represión que se profundizaría durante la dictadura militar de 1976 a 1983.
En el caso argentino, la dictadura de 1976 intervino todos los sindicatos. Las organizaciones resistieron en la clandestinidad gran parte del proceso A su vez, la profunda desindustrialización que sufre la economía provoca un debilitamiento de las estructuras sindicales. Hacia finales del proceso, en 1981 se forma le CGT Brasil, que posteriormente a la Guerra de Malvinas se dividiría, formándose otra central en la calle Azopardo.




Actualidad del Movimiento Sindical

Desde mediados de la década del sesenta, se percibía una crisis del modelo de acumulación fordista, basado en la cadena de montaje, los salarios altos y una sociedad de consumo, concomitante con un Estado de Bienestar que garantizaba derechos sociales.
Esta crisis se expresaría socialmente en los levantamientos juveniles en diferentes países. Como hemos citado a Argentina el Cordobazo de 1969 se le suman Berkeley en 1965 y en 1968 en Francia, México, Italia, Brasil, Uruguay, Checoslovaquia, entre los movimientos más destacados.
Ante esta situación, el capitalismo se reconfigura, entra en un proceso de globalización de su producción, especialmente en la descentralización del proceso permitida por la alta tecnificación, buscando países de menor regulación laboral y salarios más bajos. Esta situación debilita el movimiento sindical y provoca una crisis del Estado de Bienestar. A lo que se suma la caída del bloque soviético, que ponía fin a una experiencia del comunismo.
Este proceso interpelaría los derechos sindicales y abriría paso a la fase neoliberal del capitalismo. Las propuestas neoliberales tienden a flexibilizar las relaciones laborales y a reducir los derechos del trabajo.
La nueva configuración tecnológica y las relaciones laborales se pueden apreciar en la película franco-británica “Recursos Humanos” de Laurent Cantet, con la actuación de Jalil Lespert, especialmente en la escena donde el hijo interpela al padre por no plegarse a la huelga. Es importante señalar la presencia tecnológica en el proceso, el liderazgo de la mujer y las tensiones intergeneracionales.




Al recuperar la Democracia, en 1986 produce el Congreso normalizador de la CGT, después de 11 años del último en 1975. Con 1478 delegadas/os y 4 millones de trabajadoras/es de 156 sindicatos. La unidad se mantendría hasta 1990, cuando se conforme la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos), sector que resistiría las políticas neoliberales desplegadas desde 1989. A su vez, en 1994 se configura un grupo interno en la CGT que luego derivaría en el Movimiento de los Trabajadores Argentinos MTA, que luego conducirían la CGT. En tanto que la resistencia social también configuraría la Corriente Clasista y Combativa.
La crisis del 2001 marcó un punto de inflexión en las políticas neoliberales y la recomposición de los derechos sociales y laborales. Sin embargo, la nueva política desplegada por el gobierno nacional desde 2003, generó divisiones al interior de la CGT y la CTA, entre aquellos más cercanos a establecer una relación de acuerdo con la administración actual y aquellos que proponen una confrontación y reivindicaciones de mejoras para el sector.
Si bien la descripción de la actualidad puede se acotada, refiere a un mero escenario que se está viviendo en el presente y donde las y los trabajadores siguen haciendo historia.






·         Lic. Ricardo Romero: Politólogo UBA/UNSAM; Profesor Titular de Economía Política del CNBA e Interino de Problemáticas Contemporáneas del CPEL. Director del Observatorio de Política Latinoamericana – IEALC-FSOC – UBA. Responsable Departamento Formación Virtual – INADI. Editor del Blog: Poder y Sociedad (www.ricardoromeroweb.blogspot.com).  Colaborador especializado en Tiempo Argentino y Miradas al Sur. Publico libros como: La lucha continúa. El movimiento estudiantil argentino en el siglo XX; El Brasil de Dilma; Política y Gobierno en Mariano Moreno, entre otros. Web: www.ricardoromero.com.ar  TW @Richardbsas Correo Electrónico: politologoromero@gmail.com

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