miércoles, 24 de septiembre de 2014

Clase 11 Modelo de Industrialización Sustitutiva de Importaciones

Video del Modelo de Industrialización Sustitutiva de Importaciones: 








Para leer sobre esta etápa: 

2. El proceso de industrialización
La etapa de la industrialización sustitutiva, como rasgo principal de la actividad económica, puede
subdividirse en tres períodos diferenciados:
1. La industrialización «espontánea» (1930-1945).
2. El proyecto industrializador peronista (1946-1955).
3. La industrialización «desarrollista» (1955-1976).
Nuevamente otra crisis, en este caso de origen externo, que se inicia en EEUU en 1929 y constituye el comienzo de un período de depresión económica mundial que duraría casi una década, impacta en la Argentina. Fue la crisis más profunda que padeció el capitalismo en su historia.
Este proceso recesivo se caracterizó por una severa deflación en un sentido amplio, dado que generó restricciones monetarias y financieras, bajas de precios y salarios, y retroceso de las actividades económicas. Fenómenos que se manifestaron a través de reacciones en cadena, puesto que la caída de la producción industrial indujo a una contracción de los mercados internacionales y a una disminución de la demanda de materias primas, cuyos precios bajaron acentuadamente. Los países productores de bienes primarios redujeron las compras de maquinarias y manufacturas, al tiempo que entraron en bancarrota o devaluaron sus monedas, ya que las deudas asumidas con anterioridad no podían ser canceladas. Del mismo modo, los países industriales debieron soportar la caída de los precios de sus productos, aunque protegieron sus mercados con barreras arancelarias o de otro tipo. No pudieron evitar, sin embargo, el cierre de bancos y empresas, una creciente desocupación y situaciones extremas de hambre y pobreza de gran parte de sus poblaciones. Todo ello llevó a la quiebra del sistema multilateral de comercio y pagos, incluyendo el patrón cambio oro, y dio lugar a un retorno a los sistemas de preferencia imperial y a los convenios bilaterales. La Argentina, que tenía una economía abierta al mundo, sufrió de llenó ese impacto con una severa caída de sus exportaciones y un amplio déficit en su balanza comercial, al no poder prescindir de la importaciones de bienes industriales y de muchos bienes de consumo masivo. El proceso de sustitución de importaciones, que proyectó al sector industrial por sobre el agropecuario e inició una nueva etapa en la historia económica argentina, fue así en gran parte producto de la necesidad y no de la voluntad política: había que hacer frente a la crisis económica mundial que afectaba al país. Además, cuando esta etapa comienza a desarrollarse con más fuerza, en los comienzos de la década de 1930, retorna al poder, mediante un golpe de estado cívico-militar, la elite oligárquica que había gobernado hasta 1916. Entonces, contra sus propias ideas imbuidas de liberalismo, los gobiernos conservadores ponen en práctica una intervención creciente del estado en la economía (control de cambios, juntas reguladoras, proteccionismo, diversas medidas fiscales y financieras), que tienden a paliar la situación pero, también, a salvaguardar sus propios intereses, vinculados al sector agropecuario. Al mismo tiempo, el país logra cierto margen de autonomía económica aunque se mantienen los servicios de la deuda externa y se intenta conservar a toda costa, a través del Pacto Roca-Runciman, el mercado británico para la colocación de las carnes enfriadas, el negocio principal de los terratenientes de la pampa húmeda, ahora en el poder político.
Hasta esa época la industria había crecido al compás del resto de la economía, pero subordinada al esquema agroexportador. En cambio, a partir de los años 30, se convertirá en uno de los sectores impulsores del crecimiento económico, facilitado por una importante transformación en la estructura de la producción, que aceleró el proceso de sustitución de importaciones. Los rubros más dinámicos fueron las actividades relacionadas con insumos locales (especialmente los textiles) y la metalurgia liviana. Este núcleo incluye los sectores que podríamos denominar de «sustitución fácil de importaciones», compuestas por bienes de consumo, que reducían el peso del déficit comercial con el exterior, contribuían a canalizar una porción de la renta agraria a través de inversiones industriales y ofrecían una salida a la producción agropecuaria, que hacía posible disminuir la dependencia de las fluctuaciones de los mercados externos. La expansión de la industria textil satisfacía la creciente demanda del mercado interno, permitiendo, al mismo tiempo, el empleo como materia prima de lana y algodón producidos localmente, cuyos mercados internacionales se encontraban afectados por la crisis. El conjunto de ramas vinculadas al sector de automotores se convirtió también en un factor de crecimiento. Si bien la industria automotriz de la época era poco más que un taller de ensamblado de partes importadas, estimulaba el desarrollo de la producción de caucho para neumáticos, la industria de la construcción relacionada con las carreteras y una pléyade de pequeñas firmas familiares de producción de repuestos, actividades que ganarían intensidad en el futuro inmediato. Otro sector cuya aparición en escala importante data de esta época es el de maquinarias y artefactos eléctricos, así como la producción de electrodomésticos, cables y lámparas. En general, las ramas de mayor crecimiento producían bienes de consumo finales, con mayor intensidad en la utilización de mano de obra que en bienes de capital. Las maquinarias y los insumos intermedios utilizados eran, en una alta proporción, importados. De esta forma, comenzó a perfilarse en esta época una característica que se acentuaría en las décadas siguientes: el crecimiento de la producción impulsaba un incremento de las importaciones, hecho que en el futuro enfrentaría al país a serios problemas en la balanza de pagos. En este marco, las ramas tradicionales vinculadas al modelo agroexportador, como los productos agrícolas y ganaderos, crecieron mucho más lentamente, perdiendo participación relativa en el PBI y, en 1944, el PBI industrial superó por primera vez al PBI agropecuario. Por otra parte, el PBI industrial se duplicó entre 1935 y 1939 y volvió a duplicarse durante la segunda guerra mundial mientras crecían el número de establecimientos fabriles y la cantidad de mano de obra ocupada en el sector.
Los cambios en la composición de la estructura social, como consecuencia de la ampliación de la masa de trabajadores industriales y urbanos que trae este proceso de industrialización (a lo que contribuyeron las migraciones internas del campo a las ciudades), y el vacío político resultante de gobiernos apartados de los derechos y aspiraciones de la ciudadanía (fraudulentos y represivos) dieron lugar a la aparición de un fenómeno político nuevo, el peronismo, que estimulará el desarrollo industrial sobre la base de la participación social de los nuevos sectores sociales y de la ampliación del mercado interno y tendrá conductas de una mayor autonomía en el marco internacional.
La industrialización promovida por el peronismo se diferenció de la controlada por la oligarquía. En contraste con el carácter excluyente de esta última, el primer gobierno peronista amplió el mercado interno en función de tres elementos que existían antes de la llegada al poder del peronismo y que contribuyeron a hacerla viable en ese momento. En primer lugar, la creciente dicotomía entre la expansión del mercado interno y el nivel de consumo de las masas. En segundo término, la ausencia de leyes laborales que garantizasen mejores condiciones de vida y de trabajo. Finalmente, el grado importante de intervención del estado en la economía con la consiguiente ampliación del aparato burocrático, que acrecentó su papel no sólo político, sino también social. Factores que Perón percibió, y constituyeron la base de su accionar político, y a los que agregó la «sindicalización por arriba» del movimiento obrero. Mientras que el primer partido popular, el radicalismo, surge levantando las banderas de la democratización del sistema político argentino, el peronismo nace planteando la necesidad de montar mecanismos de justicia social que no existían, algunos de los cuales habían sido propuestos por dirigentes socialistas y de otros partidos en épocas anteriores, sin poderse aprobar o implementar por el poder que tenían las fuerzas conservadoras en el Congreso y el Poder Ejecutivo Nacional. No vamos a analizar exhaustivamente que significó el peronismo desde el punto de vista político aunque puede señalarse la existencia de un estado omnipresente y de un partido político que pretendía representar a todos los sectores sociales y minimizar a la oposición, sin impedirle participar en las elecciones pero obstaculizando su accionar. Tampoco nos detendremos en sus aciertos o errores, desde el punto de vista económico, con un crecimiento fuerte en los primeros años de gobierno aunque con políticas que se revelaron insuficientes para sostener el proceso de industrialización, debiendo soportar una fuerte crisis entre 1950 y 1952 de la que costó salir. Sin embargo, varios aspectos no pueden dejarse de mencionarse en el terreno económico y social. Entre ellos, una apreciable mejora en la distribución de los ingresos, llegando los asalariados a tener una participación del 50% del ingreso nacional; la entrada en vigencia de una serie de leyes sociales –jubilaciones y pensiones, aguinaldos, vacaciones pagas, convenios colectivos de trabajo–; el otorgamiento de beneficios diversos para los sectores de más bajos ingresos -construcción de viviendas populares, hoteles sindicales, etc.; la transferencia de ingresos, mediante una política crediticia y mecanismos institucionales de manejo del comercio exterior, del sector agrario al industrial; y un proceso de nacionalización de las empresas de servicios públicos, sobre todo en los primeros años de gobierno.De todos modos, pese que Perón fue reelegido por una amplia mayoría de votos al termino de su primer mandato y se produjeron cambios en la política económica que permitieron superar la crisis, en septiembre de 1955, en el marco de un enfrentamiento creciente con la Iglesia Católica y sectores opositores, el presidente se vio desplazado del poder por un golpe de estado cívico-militar. Este hecho inauguró una etapa de inestabilidad política en la Argentina que llevó finalmente a la dictadura militar
de 1976.
Es preciso destacar este punto, porque en todo el período que va de mediados de los años 40 hasta mediados de los 70, el país creció económicamente y la distribución del ingreso no empeoró en demasía a pesar del diferente carácter de los distintos gobiernos que fueron pasando, civiles y militares. Pero hubo una fuerte inestabilidad del sistema político, que comenzó con la proscripción del peronismo. Esto condujo, por un lado, a la radicalización de vastos sectores populares, influenciados también por la revolución cubana y movimientos contestatarios en otros países, y llevó, por otro, a un endurecimiento de lo que llamamos el «partido de derecha», que se expresaba a través de las fuerzas armadas. El gobierno desarrollista de Frondizi tuvo cerca de 30 planteos o intentos de golpes de estado antes de ser derrocado y, luego, el radical Illia, que presidía un gobierno débil por las proscripciones políticas, cayó de la misma manera en 1966. El peronismo volvió con el apoyo popular después de que los militares dejaron el poder en 1973, pero entró pronto en profundas contradicciones internas (en la que participaron grupos armados de izquierda y sectores paramilitares de derecha), que se agudizaron con la muerte de Perón y dificultaron una nueva salida política.
En este período de industrialización, no se vuelve a caer en el fuerte endeudamiento externo de la etapa agroexprotadora pero sí en repetidas crisis de la balanza de pagos, los conocidos ciclos de stop-go,
como consecuencia de los requerimientos del propio proceso de industrialización que se contrapone
con una estructura dependiente de las exportaciones agropecuarias. Los ciclos económicos estaban ligados al mismo tiempo al mercado interno y a los mercados externos. En la etapa de auge, ante el aumento de la producción industrial vinculada al consumo local, se incrementaban las importaciones, para comprar bienes de capital e insumos básicos, y se reducían las exportaciones, por la mayor demanda interna originada en la suba del salario real y de los niveles de ingresos. Pero el déficit en la balanza comercial y la disminución de las divisas llevaban a una devaluación que provocaba un aumento del precio de los productos agrarios exportables y de lo insumos importados. Todo esto se traducía en crisis del sector externo, procesos inflacionarios y políticas monetarias restrictivas.
Basado en el desarrollo del mercado interno y en las industrias livianas ese proceso de industrialización fue cambiando en los años 50 y pasando a otra etapa, con la creación de industrias básicas, el énfasis en la necesidad de capitales externos y la necesidad de que el aumento de los salarios esté ligado al incremento de la productividad. En su etapa final se agrega también un tímido intento de exportación de manufacturas. El gran problema en este período no fue principalmente económico sino político, en particular por el hecho de que el partido mayoritario, el peronismo, estaba proscrito y de que los militares intervinieron permanentemente en la vida pública.Vemos, por el contrario, desde el punto de vista económico, un proceso de crecimiento importante, que entre 1945 y 1963 padeció diversas crisis en la balanza de pagos y brotes inflacionarios, pero que luego, entre 1964 y 1974, tuvo un período de ascenso ininterrumpido, superando esos problemas cíclicos, con una tasa promedio del cerca de 5% anual. Sin embargo, desde el punto de vista político lo que se observa es una grave y seria inestabilidad que termina con el golpe de estado de 1976, lo que de ninguna manera reflejaba el agotamiento del proceso de industrialización.

Rapoport, Mario “Mitos, etapas y crisis en la economía argentina”, Nación - Región - Provincia en Argentina, 2007, No. 1

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